PARA PERSONAS LGTBIQ+

LA CALIDAD DE TUS RELACIONES ES UNO DE LOS FACTORES MÁS DETERMINANTES PARA SER FELIZ.

No lo decimos nosotros, lo dice bien claro el estudio más largo de la historia sobre el desarrollo del adulto realizado por la universidad de Harvard.

Tener personas con las que estar a gusto.

Hablar de verdad.

Reírte, hacer planes, decir lo que sientes, poner límites, pedir lo que necesitas y no estar todo el rato pensando si has dicho demasiado, pedido demasiado o mostrado demasiado.

Poder estar con otras personas sin dejarte a ti fuera.

Y poder estar contigo sin hablarte, exigirte o tratarte de una forma que jamás usarías con alguien a quien quieres.

Porque cuando en Vidas con Propósito hablamos de relaciones, no hablamos solo de pareja.

AmistadFamiliaTrabajoComunidadPersonas que eligesPersonas que te importanTu relación contigo

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LA VIDA QUE DESEAS

En el fondo, lo que quieres es bastante sencillo.

Tener gente con la que estar bien y a la que escribir porque te apetece.
Hacer planes y poder decir «hoy no me apetece» sin montar una película en tu cabeza.
Dar tu opinión en el trabajo sin repasarla mentalmente cinco veces antes de hablar.
Decirle a un amigo «esto me ha molestado» sin pensar automáticamente que vas a perderlo.
Conocer a alguien que te guste y disfrutar de lo que está pasando.
Decir «te echo de menos», «esto necesito» o «esto no me hace bien» sin darle veinte vueltas.
Sentirte querido sin tener que estar ganándotelo todo el rato.
Descansar sin sentir que deberías estar haciendo algo. Cuidarte sin esperar a estar al límite.
Tener personas cerca con las que ser LGTBIQ+ sea simplemente una parte más de quién eres.

Y, sobre todo:

estar con otras personas y seguir sintiendo que eres tú.
Campus de la Universidad de Harvard
1938Harvard Study of Adult Development

POR QUÉ HABLAMOS TANTO DE RELACIONES

Porque no son una parte pequeña de la vida.

Son una parte enorme de ella.

El Harvard Study of Adult Development lleva siguiendo vidas humanas desde 1938.

Es uno de los estudios longitudinales más largos realizados sobre salud, bienestar y vida adulta.

Y después de décadas observando cómo viven las personas, cómo envejecen y qué ocurre con su bienestar, una de sus conclusiones más claras puede resumirse de una forma bastante sencilla:

las buenas relaciones importan. Mucho.

Las personas con vínculos sólidos con familia, amistades y comunidad tienden a ser más felices, a tener mejor salud y a vivir más tiempo que quienes están más aisladas.

Y quizá por eso tiene bastante sentido mirar nuestras relaciones con un poco más de atención.

No solo la pareja. La gente con la que compartes tu vida. Las amistades que eliges. Tu familia. Tus compañeros. Tu entorno. Tu comunidad. Las personas con las que puedes contar.

Porque vivimos relacionándonos.

Y HAY UNA RELACIÓN QUE ENTRA CONTIGO EN TODAS LAS DEMÁS

La tuya contigo.

Con los demás

Harvard habla de nuestros vínculos con otras personas.

Las personas con las que te relacionas, cómo te tratan, el lugar que ocupas en esos vínculos y cuánto puedes ser tú dentro de ellos también forman parte de cómo experimentas tu vida.

Amistad
Familia
Trabajo
Pareja y vínculos afectivos
Comunidad

Contigo

En Vidas con Propósito ampliamos la mirada.

Porque tú también entras en cada relación.

La forma en la que te hablas.
Lo que crees que mereces.
Lo que permites y lo que pides.
Los límites que pones.
Cómo te cuidas y qué haces cuando te equivocas.
Cuánto puedes escuchar lo que necesitas.

Por eso aquí no separamos «trabajar en ti» de «trabajar tus relaciones» como si fueran dos mundos distintos.

Nos interesa todo el sistema.

LAS RELACIONES SON UNO DE LOS SITIOS DONDE MÁS COSAS SE VEN

La cosa cambia cuando algo te importa.

Con alguien que te da igual resulta mucho más fácil.

Dices lo que piensas. No analizas tanto. No estás pendiente de cada silencio.

La cosa cambia cuando algo te importa.

Puede ser una pareja. Una amistad. Tu familia. Un compañero de trabajo. Un jefe. Un grupo al que quieres pertenecer. O tú mismo delante de una decisión que sabes que necesitas tomar.

Ahí aparecen más cosas: ganas de acercarte, ganas de protegerte, ilusión, dudas, necesidad de saber qué está pasando, miedo a decepcionar, miedo a mostrar demasiado, necesidad de controlar o esa costumbre de dejarte a ti para después.

No significa que tengas nada mal. Significa que ahí aparece mucha información sobre ti.

La otra persona

Importa quién tienes delante. Cómo te trata. Qué quiere. Qué ofrece. Qué permite. Si existe reciprocidad. Si encajáis. Y si esa relación tiene sentido para las dos partes.

El entorno

Importa dónde te mueves. En qué espacios puedes sentirte libre. En cuáles necesitas protegerte más. Qué espera de ti tu familia, tu trabajo, tu círculo, tu cultura o el lugar en el que vives. Porque todo no ocurre dentro de ti.

Tú

Y también importa qué haces tú dentro de todo eso. Qué dices. Qué callas. Cuánto te adaptas. Qué necesitas. Qué límites pones. Cómo te cuidas. Cómo te hablas. Qué haces cuando aparece incertidumbre. Qué haces cuando alguien te decepciona. Y qué haces contigo cuando eres tú quien se decepciona de sí mismo.

No controlas a la otra persona. No controlas todo lo que ocurre fuera. Pero sí puedes conocerte mejor dentro de lo que ocurre.

EMPIEZA POR AQUÍ

No necesitas tener todas las respuestas.

Ni decidir hoy qué significa cada cosa que haces.

Puedes empezar simplemente prestando un poco más de atención.

A cómo te relacionas. Con los demás. Y contigo.

A las cosas que haces. A las que callas. A las que permites. A las que necesitas.

Y a las que repites sin haberte preguntado desde hace tiempo si todavía quieres vivirlas así.

Eso es Vidas con Propósito.

Una conversación sobre relaciones, identidad, pertenencia, bienestar emocional, desarrollo personal y espiritualidad consciente desde una mirada LGTBIQ+.

Una vez a la semana continuamos esa conversación por email.

¿PARA QUÉ SIRVE MIRAR TODO ESTO?

Entenderte mejor para poder vivir tus relaciones con más libertad.

Mandar un mensaje porque quieres mandarlo, no porque ya has calculado veinte escenarios.
Mostrar interés sin sentir que estás entregando todo tu poder.
Decir que algo te ha dolido sin ensayar la conversación una y otra vez en tu cabeza.
Poner un límite sin sentir automáticamente que estás poniendo en peligro la relación.
Decir que no sin convertir cada límite en una declaración de guerra.
Disfrutar de alguien que te gusta sin analizar cada gesto.
Darte cuenta antes de cuándo empiezas a adaptarte demasiado.
Pedir ayuda sin sentir automáticamente que has dejado de poder solo.
Parar cuando necesitas parar.
Tratarte con más respeto cuando te equivocas.
Escuchar lo que necesitas antes de acostumbrarte a ignorarlo.
No se trata de sentir menos.

Ni de necesitar menos a los demás. Ni de convertirte en una persona completamente independiente.

Se trata de entenderte mejor para poder vivir tus relaciones con más libertad.

Incluida la relación contigo.

NEUROPROGRAMACIÓN ADAPTATIVA

Lo que pasa fuera importa. Lo que pasa dentro también.

La Neuroprogramación Adaptativa es una de las herramientas desde las que trabajamos en Vidas con Propósito. Nos interesa especialmente ese espacio que hay entre lo que ocurre, lo que interpretas, lo que sientes y lo que haces después.

01

Parar

Darte un momento antes de reaccionar.

02

Ver

Qué ha pasado realmente.

03

Separar

Lo que sabes de lo que tu cabeza está añadiendo.

04

Decidir

Elegir qué quieres hacer en lugar de actuar siempre en automático.

Un ejemplo sencillo.

Alguien tarda en responderte.

Puede ser alguien que te gusta. Un amigo. Tu hermano. Un compañero.

El hecho es: todavía no ha respondido.

Y tu cabeza empieza: «he hecho algo», «se ha enfadado», «he sido demasiado intenso», «seguro que pasa algo».

Poder distinguir lo que sabes de lo que estás interpretando cambia el lugar desde el que puedes mirar lo que está ocurriendo.

Y no, todo no está en tu cabeza.

Hay personas que no encajan contigo.

Hay relaciones donde no existe reciprocidad.

Hay trabajos donde no te tratan bien.

Hay familias con dinámicas difíciles.

Hay entornos donde te sientes más libre y otros donde necesitas protegerte más.

Y la discriminación existe.

Trabajar sobre ti no significa hacerte responsable de todo lo que pasa.

Significa poder distinguir mejor: esto es mío, esto es de la otra persona y esto no depende de mí.

Una vez a la semana continuamos esta conversación por email.

QUIERO FORMAR PARTE DE VIDAS CON PROPÓSITO

POR QUÉ NACE VIDAS CON PROPÓSITO

Durante muchos años fui un camaleón.

Pero la historia empezó mucho antes de que yo supiera ponerle ese nombre.

Empezó cuando me di cuenta de que había algo en mí que parecía diferente.

Cuando te gusta por primera vez un chico y, en lugar de sentir solamente ilusión, sientes miedo.

Miedo a que alguien se dé cuenta. A mirar demasiado. A que una palabra, un gesto o una forma de moverte revele eso que tú mismo todavía estás intentando ocultar.

No hace falta que nadie te diga directamente que hay algo malo en ti.

A veces bastan los comentarios, los chistes, las miradas, lo que se celebra y lo que se ridiculiza.

Vas entendiendo el mensaje. Y empiezas a vigilarte.

Mientras muchos de mis amigos vivían sus primeros enamoramientos y buscaban la manera de acercarse a la persona que les gustaba, yo estaba aprendiendo a esconder lo que sentía antes incluso de haber podido vivirlo.

Hubo una parte de mi adolescencia que no tuve.

No porque no sintiera. Precisamente porque sentía muchísimo.

Pero mientras otros acumulaban experiencias que les ayudaban a descubrir quiénes eran, yo aprendía, sobre todo, a no ser descubierto.

Y aquello deja huella.

Empiezas a preguntarte si eres suficientemente atractivo. Suficientemente deseable. Suficientemente masculino. Suficientemente fuerte.

Mis primeras experiencias íntimas tampoco tuvieron la naturalidad que me habría gustado.

Fueron furtivas. A escondidas. A través de chats o en contextos en los que muchas veces había más miedo y tensión que ternura.

No porque aquello fuera lo que realmente quería, sino porque había aprendido que mi deseo tenía que existir fuera de la vista de los demás.

Con 18 años salí del armario diciendo que era bisexual.

Durante mucho tiempo me esforcé en creer que esa era mi verdad.

Hoy sé que también era una negociación conmigo mismo.

No estaba intentando engañar a los demás. Estaba intentando convencerme a mí.

No quería ser “el maricón del grupo”. Prefería que me vieran como “el golfo que le da a todo”.

Necesité más de veinte años para volver a salir del armario.

Con 40 pude decirme por fin algo que probablemente una parte de mí sabía desde hacía muchísimo tiempo: soy gay.

Pero salir del armario no hizo desaparecer todo lo que había aprendido dentro de él.

Porque puedes decirle al mundo quién eres y seguir juzgándote por serlo.

Yo lo hice.

Durante años rechacé en otras personas cosas que, en realidad, me daban miedo en mí.

La pluma. La feminidad. La fragilidad. Todo aquello que me alejara de esa imagen de hombre masculino, fuerte, seguro y controlado que había aprendido a representar.

Mi propia homofobia interiorizada llegó a alejarme de otras personas LGTBIQ+.

Cuanto más intentaba demostrar que yo “no era así”, más lejos estaba de aceptarme completamente.

Y ahí apareció el camaleón.

Aprendí a mirar el ambiente y adaptarme. A intentar caer bien. A convertirme en lo que pensaba que tenía que ser para que me aceptaran y me quisieran.

Dependiendo de dónde estuviera, aparecía una versión distinta de mí.

Analizaba. Medía. Buscaba señales. Intentaba saber qué iba a pasar antes de que pasara.

Y eso cansa muchísimo.

Con los años entendí que no solo importaba cómo me relacionaba con los demás.

Importaba cómo me relacionaba conmigo. Cómo me hablaba. Qué me exigía. Cuánto me juzgaba. Cuántas veces ignoraba lo que necesitaba por intentar encajar fuera.

No quiero que alguien me quiera por la persona que consigo ser para gustarle. Quiero que me conozca a mí.

Quien no me quiere siendo yo, no me quiere.

Pero todavía me faltaba entender otra cosa.

Durante gran parte de mi vida me sentí extraño y profundamente solo incluso estando rodeado de personas que me querían.

No porque no intentaran comprenderme. Simplemente había experiencias que no habían vivido.

Hace poco, al volver a compartir espacios con otras personas del colectivo, sentí algo que me removió profundamente: estaba volviendo a casa.

Y entendí que muchas cosas que durante años pensé que eran solo mías aparecían también en otras historias.

La vergüenza. La autoexigencia. El miedo a mostrarse. La necesidad de validación. La dificultad para vincularse. Esa sensación de no pertenecer del todo.

Hemos aprendido tan bien a protegernos y a escondernos que incluso cuando ya podemos mostrarnos nos cuesta hacerlo.

A veces queremos conectar y no sabemos cómo.

Queremos intimidad y buscamos validación.

Queremos sentirnos vistos y terminamos consumiendo cuerpos, personas o sexo sin llegar a sentirnos realmente acompañados.

No porque haya algo roto en nosotros.

Sino porque aprendimos estrategias para sobrevivir que no siempre sirven para vivir.

No puedo volver atrás y crear ese espacio para el Abraham adolescente.

No puedo regalarle las experiencias que no se permitió vivir.

Pero sí puedo contribuir a crear ese espacio ahora para otras personas.

Un lugar donde no tengas que elegir entre ser tú y pertenecer.

Donde puedas conocerte sin juzgarte. Relacionarte sin actuar. Conectar sin esconderte.

Soy Abraham Quílez, fundador de Vidas con Propósito.

Y si este proyecto nace de algún lugar, nace precisamente de ahí: de convertir muchos años intentando encajar en el compromiso de construir espacios donde nadie tenga que dejar de ser quien es para sentir que pertenece.

Ser tú y sentir que perteneces tienen que poder ir juntos.

PUEDES HABERME VISTO EN

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PREGUNTAS FRECUENTES

Antes de empezar.

¿Cuando habláis de relaciones os referís a pareja?

No.

Pareja es solo una de las relaciones que podemos tener.

Hablamos de amistad. Familia. Trabajo. Comunidad. Personas que te atraen. Pareja, cuando la hay. Y también de la relación que tienes contigo.

Porque cómo te hablas, cómo te cuidas, qué permites, qué necesitas y cómo respondes a tus propias necesidades también forma parte de cómo construyes tu vida.

¿Tengo que estar buscando pareja?

No.

Puedes estar soltero. En pareja. No querer pareja. Estar conociendo a alguien. O no tener ningún interés en una relación sentimental.

Este espacio no nace para enseñarte a encontrar pareja.

Nace para hablar de cómo nos relacionamos y de cómo podemos conocernos mejor dentro de esas relaciones.

¿Por qué le dais tanta importancia a las relaciones?

Porque forman una parte enorme de nuestra vida.

El Harvard Study of Adult Development, iniciado en 1938, lleva décadas estudiando la salud y el bienestar a lo largo de la vida.

Uno de sus hallazgos más consistentes es que los vínculos de calidad con otras personas están estrechamente relacionados con una vida más feliz y saludable.

En Vidas con Propósito tomamos ese punto de partida y ampliamos la mirada: nos interesan nuestras relaciones con los demás y también la forma en la que nos tratamos a nosotros mismos.

¿Esto es terapia clínica?

No.

Vidas con Propósito es un proyecto de desarrollo personal, bienestar emocional, relaciones y espiritualidad consciente.

La Neuroprogramación Adaptativa es una metodología propia de entrenamiento mental, regulación emocional y desarrollo personal.

No sustituye la atención psicológica o psiquiátrica ni ningún tratamiento sanitario.

¿Qué recibiré si me apunto?

Nuestra newsletter semanal.

Historias. Reflexiones. Preguntas. Herramientas.

Y conversaciones sobre relaciones, identidad, pertenencia, bienestar emocional, desarrollo personal y espiritualidad consciente.

No queremos llenar tu bandeja de entrada. Queremos enviarte algo que merezca la pena abrir.

¿Es gratis?

Sí.

Puedes darte de baja cuando quieras.

¿Esto está pensado solo para personas LGTBIQ+?

Está pensado principalmente para personas LGTBIQ+.

Vidas con Propósito nace desde nuestra realidad, nuestras experiencias y nuestra forma de vivir la identidad, las relaciones y la pertenencia.

Una persona que no forma parte del colectivo también puede sentirse identificada con muchas de estas conversaciones.

Lo imprescindible es compartir un marco de respeto absoluto hacia las personas LGTBIQ+.

¿Tengo que ser espiritual o compartir una religión?

No.

La espiritualidad forma parte de mi forma de entender la vida y aparece en algunos contenidos de Vidas con Propósito.

Para nosotros, espiritualidad y religión no son lo mismo.

Entendemos la espiritualidad como una forma de mirar la consciencia, el sentido, el propósito y nuestra manera de vivir.

Respetamos cualquier religión que una persona profese y también que no profese ninguna.

No necesitas compartir una creencia concreta para estar aquí.

LA VIDA QUE DESEAS

También se construye en tus relaciones.

En la relación contigo.

En las personas que eliges. En las que dejas entrar. En las que decides dejar atrás.

En lo que dices. En lo que permites. En lo que necesitas.

En cómo cuidas. En cómo te cuidas.

En cómo quieres. Y en cómo te dejas querer.

No necesitas resolverlo todo hoy.

Puedes empezar mirándote un poco mejor.

Y nosotros podemos seguir acompañando esa conversación cada semana.

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